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lunes, 21 de enero de 2013

Último destino.



Un destino sin nombre

Cubierto de espinas;

Camino a la hecatombe.



‘‘Me guían mis pupilas

Que no ven ni el horizonte…

Quedó atrás toda una vida. ’’



-Busca, oh, peregrino,

Más aquí solo hay podredumbre.

Ni tierras prósperas, ni tesoros divinos.



-No busco eso, oh,  señor mío.

Mas en mi solo un hombre errante.

En mi ya no hay un guerrero valiente.



A mi tío F. A. E., por haber sido de los pocos capaces de luchar contra la muerte innumerables veces, y conseguir resistirse... Solo espero que ahora continúes tu camino y recorras todos esos lugares a los que un día quisiste viajar...

Jack

lunes, 14 de enero de 2013

.

''Hablemos de amor.'' me dices.
''¡Qué palabras tan crueles!:
Del amor no se habla,
se siente.
Del amor no se habla,
se vive.''



Jack

sábado, 12 de enero de 2013

Aniñada, hipócrita.

¿Qué haríais si la persona que todos los días os insta a no temer nada en este mundo finalmente os confesara que es la que más miedo tiene?

Tengo miedo. Siento el corazón pesado y las manos frías. Yo, la gemela de Hermione Granger, la que siempre os sermonea sobre cómo es la vida y cómo debéis vivirla. ¿Cómo voy a indicaros lo que debéis sentir si el peso de mis palabras hace que me tiemblen las piernas? ¿Cómo voy a cuidar de vosotros si ya no sé lo que tengo que hacer para cuidar de mí misma?

A penas puedo pronunciar el Carpe Diem que antes me identificaba, porque mi voluntad y mi voz se han fugado juntas. 

¿Qué clase de persona, aniñada, hipócrita, os habla sin escuchar sus propias palabras? No oigo lo que digo. En mi cabeza hay un millar de desafinadas campanas tañendo desordenadas. Esta persona, aniñada, hipócrita, se acurrucará hasta que cese su clamor...



JC

jueves, 29 de noviembre de 2012

Palabras rotas.

Hoy, cuando salía de clase, bajando hacia mi casa, he visto a un niño con mochila. Andaba muy despacio, como si no fuera a ninguna parte. Me pareció extraño, porque no debía de tener más de diez años, y ya estaba anocheciendo. Pero se lo tomaba con calma. A lo mejor es que no quería ir a ningún lugar. Caminando, hacía eses por la acera, con las manos en los bolsillos, aunque a veces sacaba una de ellas para rozar con los dedos los arbustos que sobresalen de las vallas de mi jardín.

Me llamó mucho la atención, quizás hacía demasiado tiempo que no veía yo un ánima tan tranquila, quizás quería robar con mi mirada los minutos que ese niño degustaba de su libertad. Aminoré el ritmo de mis pasos, porque temía que me oyera, y era consciente de que él no sabía que estaba siendo observado.
Hoy he disfrutado de uno de esos escasísimos momentos en esta vida en que puedes mirar a alguien que cree que está solo, sin estar espiando, sin tener malas intenciones, simplemente, porque ha sucedido.

Cuando ya me encontraba en el dintel de mi puerta, me he girado. El niño estaba metido entre las espigas del campo, en frente de los chopos, mirando el anochecer. Una manta de cielo negro extendía sus brazos hacia nosotros desde las montañas. 
Ha sacado un folio, un folio escrito con tinta azul, y lo ha rasgado. Lo ha ido rasgando en pedacitos y los ha lanzado entre las espigas. Hubiera dado toda esta semana de inútil estudio por ver lo que había escrito. Porque no hace falta irse al campo para romper un papel.



¿Qué sería? ¿Sería una carta de amor, un amor del que ahora se había desengañado? ¿Sería el juramento de un amigo fiel, del que recientemente se había enterado de que no lo era tanto? ¿Sería una página de su propio diario que se arrepentía de haber escrito, siquiera pensado?

¿Sabéis qué? Nacemos con una cara y muchas veces nos hacemos otra. Pero sólo necesitamos un rostro. No hace falta fingir, no hace falta aparentar lo que no somos. Nos creamos una coraza que oculta nuestra verdadera piel y nos protege de puñaladas. Pero el metal es frío, como la soledad que encarna. No nos damos cuenta de que somos más bellos cuando estamos solos, cuando nos quitamos esa armadura, que cuando la llevamos puesta.

JC

domingo, 25 de noviembre de 2012

Letargo

Despierta pueblo dormido.
Desata tu enorme furia
contra el poder establecido.
Demuestra que no es suya
la victoria ni el poderío.
Rompe con este sistema
de libertad en un espejismo.

Jack

miércoles, 24 de octubre de 2012

El rayo de Sol que se quemó.

En esta noche fría y oscura, quiero recordarte que tú antes eras un rayo de Sol. 
                                       

Quiero recordarte que antes, tú soñabas, salías a bailar, reías, y mimabas. Quiero recordarte que en las horas que pasábamos hablando, sonreías.
Los números acuchillaron en tu cabeza todas las poesías. Repartiste por desigual tu ración de abrazos, tu tiempo de carcajadas.
Espero que algún día vuelva el alba. Espero que las nubes se disipen, sin más ojos de falsedad en estos huracanes.

JC

viernes, 12 de octubre de 2012

Alza tu estandarte.

La vida se me antoja como una continua batalla entre lo bueno y lo malo. Nadie se da cuenta de que necesitamos lo primero. Nuestra conciencia lo necesita, porque estamos hechos para ser así.
Hay gente que se siente más cómoda en el bando contrario. Son una causa perdida, una bandera quemada, un yelmo vacío. Hay gente que se confunde entre tanta algarabía de estandartes, que se sienta y espera a que calme el bullicio. 
Pero también hay gente que, consciente o inconscientemente, defiende las cosas buenas. No han caído en la tentación de empuñar una espada, una daga, de hacerse con un arco o una ballesta, y sólo necesitan un escudo para librar esta batalla. Son personas que utilizan las palabras, que ven la belleza allá donde a  otros se les oculta, que la echan de menos en su más efímera ausencia, y que han encontrado la motivación para luchar por ella. Son personas que sienten lástima hacia esos yelmos vacíos, que tarde o temprano se van a oxidar, y que tienden un mapa al soldado que acaba de perderse.
Y dentro de esa gente buena, los mejores guerreros son los que llevan el estandarte menos conocido, el menos común, el único que tiene ese color, ese matiz que representa una de las muchas bellezas de la vida, un milagro recién descubierto, y que se encargan de hacerlo circular. Son los que no dejan que las banderas quemadas abrasen todo el campo de batalla.



JC