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viernes, 31 de mayo de 2013

Divagaciones en una tarde gris.

Y quizás el calor pierda en pos del frío y deje una sensación de vacío junto a tu corazón. Pero no merece la pena dejarse llevar por la amargura del tiempo. El tiempo pasa, sin duda. Y a su paso hiere, es algo natural. Pero hemos demostrado que somos capaces de conseguir cualquier cosa por un sueño, o por un ideal.... O por amor.
Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones nos vence en una cruenta batalla el miedo. Porque aunque no lo admitamos tenemos miedo. Miedo a no triunfar y por ello ni siquiera lo intentamos. Miedo a lo desconocido, cuando realmente siempre es lo que conocemos lo que nos hace daño. Miedo al cambio. Miedo a la superación.... Lo peor de todo es que tenemos envidia de los que no tienen miedo, o de los que consiguen combatirlo: de los que luchan, de los que cambian, de los que se superan... Esta envidia nos vuelve crueles, les infravaloramos, hacemos lo imposible para que no consigan sus metas... Y muchas veces lo conseguimos...


Jack

miércoles, 29 de mayo de 2013

Vivir en la ignorancia.

Una gran sala vacía.
En ella habita la nada,
tan solo hay ignorancia.
Sala llena de mentiras.

Un hombre vivía feliz
allí, pues nada sabía,
ajeno él a todo matiz
de realidad impartida.



Jack.

sábado, 18 de mayo de 2013

Gota.


Son balazos del pasado envueltos en cianuro del presente lo que hoy siento atravesarme. El veneno del temor, la semilla, la mordedura del monstruo del que se esconden los niños. Y pierdes, vaya que si pierdes. Es como un lento paro cardíaco, como un último aliento imperecedero. Quieres morir y no puedes. No quieres matar y matas.

Cada disparo es una repulsiva náusea. Cada noche deseas que te asesinen mientras duermes. Pero no sucede, y cada día retrocedes, sin querer volverte y echar a correr, pero tampoco queriendo poner los brazos en cruz esperando a que un tanque te atropelle. Al principio la guerra era una motivación idílica, ahora es un enloquecedor descenso. Es el descenso de las gotas de sangre en la ropa, la lenta muerte de su viaje, el avance del cuerpo cada vez más menguante, que deja parte de su alma tras de sí. Sin poder volver atrás, sin querer seguir consumiéndose.

Es tan poco lo que nos queda, y tanto lo que nos pueden quitar si nos rendimos. Es tan pobre la rabia como razón de ser, la rabia que te levanta, la rabia que te viste y te lava todos los días, la rabia que te da de comer. Nuestra rabia es tan pequeña que cabría en la boca de su ambición.

Llega un punto en el que no puedes retroceder más. Es entonces cuando la gota llega al suelo y se pierde entre la arena que te obligan a morder, cuando la rabia que te alimentaba te hace morir de inanición. Es el fin último de tu paro cardíaco y de tu aliento, pero tú no lo sientes porque ya no existes.


JC

sábado, 4 de mayo de 2013

Acto de revolución.

Tentar a la suerte
pendiendo de un hilo.
Clamar a la muerte
haciendo caminos.

Dejar evidente
que tu eres distinto;
despertar a gentes
de sus ensimismos.

Salir a la calle,
llenarla de gritos.
Clamar libertades,
luchar eufemismos.



Jack.

sábado, 6 de abril de 2013

Ficticia.


Todo se me antoja terriblemente mundano, terriblemente insatisfactorio. Estoy atada a una cinta transportadora, y no paran de pasar escaparates de utensilios de cocina. No me interesa. Y mientras todos miran hacia delante, mis ojos descansan en ninguna parte.

No sé por qué estoy aquí. Pero no es la típica pregunta existencial, porque yo, a diferencia de la mayoría, conozco el lugar al que pertenezco. Y no es éste. Si pudiera atravesar la fría página de word en la que estoy escribiendo, tal vez me acercaría.

Sé que el rollo de ficticia ya os cansa. Pero es que yo voy de ficticia, no puedo evitarlo, desde el primer momento que recuerdo. Suena estúpido, y quizás lo sea, decir que lo que yo quiero es domar dragones, conjugar pócimas, derrotar hechiceros.

La gente normal pasa las noches estudiando, yo las paso esperando a Peter Pan.


Pero abrir la ventana para esperarle ya no me sirve. Ya no me sirve dedicar mi tiempo a las páginas, porque no tengo. Estoy aquí, encerrada irremediablemente, y puedo estarlo torturada o conformada. No me gusta ninguna de las dos opciones.

Quiero que todo se detenga en este mismo instante. Quiero paralizarlo todo, las estaciones, los cursos, las páginas de calendario. Este calendario no tendría ni que haber empezado, porque en el país de Nunca Jamás no pasan los años.

¿Sabéis qué me duele? Que no existen ni Harry, ni Jack, o Victoria o Bipa. No existen ni Luffy, Nami o Robin. No existen Hamlet, Bartimeo, Leola, Satine, Will el Botas o Wendy. No os engañéis, no existe Hogwarts ni la Isla Tortuga, ni el mundo de los etéreos, ni Idhún, ni Nunca Jamás, ni Grand Line. Tampoco existe la magia en Dinamarca ni nada huele a podrido allí. Y una prostituta de París nunca se enamoraría de ese dramaturgo fracasado, creedme.

¿Pero sabéis qué más? No, no lo sabéis. No sabéis, qué coño, ni agarrar una espada ni agitar una varita, ni nunca lo sabréis. Tampoco podéis volar, y lo más cerca que estaréis de dirigir un barco pirata en vuestra vida será dando pedales a un cisne de plástico húmedo. La mayoría de vosotros no sois capaces ni de mantener el amor un puñado de años, no os digo ya una vida entera.

Por ello, yo reniego de esto. Si vosotros no, os admiro. Cuánta capacidad para aceptar lo insustancial, o cuánta indiferencia. Con la primera os aplaudo y con la segunda, me echo a llorar.

Se lo dedico a Daniel Nieto Cuervo, porque sé que no está de acuerdo conmigo en este tema. Ni en ninguno. Pero siempre nos quedará o creerle a él o recurrir a las Ideas de Platón.

JC

domingo, 3 de marzo de 2013

Me acabará llevando el viento.


Siento el pecho vacío,
vacío y pesado,
ya que un ser de pesadilla
encima se halla clavado.
Siento las manos inertes,
inertes y heladas,
como grandes y torpes manojos
de blanca arena mojada.
Siento los ojos secos,
secos y pesados
los párpados que los dejan
en oscuridad ahogados.
Siento la mente dormida,
dormida y embotada,
como una marioneta,
arrodillada ante la espada.

Me acabará llevando el viento,
como se llevó mis fantasías,
mis sílfides y mis ninfas,
para ellas, no queda tiempo...
Me acabará llevando el viento,
como volaron aquellos personajes,
al final de la página
del libro abierto.

Me acabará llevando el viento,
como se pierden mis palabras,
mientras se yerguen con números,
edificios de cemento...
Me acabará llevando el viento,
como derribó las altas torres,
y los parajes imposibles
que quitaban el aliento.

Me acabará llevando el viento,
según estranguláis mi sueños
con cadenas, y con ellos,
mis ideales de cuento...
Me acabará llevando el viento,
y solo resistirá la realidad
de tan absurdos cálculos
como único fundamento.

Me acabará llevando el viento,
y será éste un mundo maniatado
al que infierno no llamo
porque en vuestro yermo sentir no arde
ya pasión o llama alguna...

JC

viernes, 1 de marzo de 2013

Tiempos duros para la poesía.

Son tiempos duros para la poesía.
Muchos son los que con recelo la miran.
Otros, la odian sin sentarse a sentirla,
apelan que es un sin sentido;
una vana pérdida de tiempo.
Cierran los ojos y no se dan cuenta
que en muchas se hallan sus sentimientos.
¡Qué desgracia! ya no hay cabida
a antiguos versos, pasadas líricas.



Jack