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lunes, 25 de enero de 2016

Ayer, hoy y mañana.

¿Has visto pasar al pasado?
¿Ha llegado el futuro?
Dicen que del presente ya se ha marchado,
que el tiempo es inseguro.
Que no queda constancia de encuentros apasionados
y la distancia ahora son muros.
Que lo eterno es una mancha
en un tapiz mojado...
Que se acabó la guerra y no hay revancha.


Jack.

miércoles, 21 de octubre de 2015

A Bécquer

A veces me imagino a Bécquer
tratando de encerrarte en su círculo de hierro,
pensando que él era la copa y el canal
de los milagros que guardabas entre espinas.
Del oro que escondías entre arena,
de un oro que él decía,
era difícil de encontrar.

Y pienso,
“qué enorme estupidez”
mientras me tiemblan las líneas
que he leído de él y me seduce
el acierto de su ritmo.

Y era él mismo el que decía
“mientras exista una mujer hermosa
… habrá poesía”
Bécquer, te contradices,
porque aun muriendo cada mujer en el mundo
todavía quedaría ella.
… Todavía quedarías tú.

No trates de vestirla con tu círculo de hierro,
tú hablabas de una puerta y tú mismo la has cerrado.
Las palabras no son lo único que existe
en la literatura,
el todo es más que la suma de las partes
y entre las millones de constelaciones
que puedes hacer con tu
“necio, mezquino idioma”
seguro que habrá alguna,
que habrá alguna,
que te alumbre.

Nada es imposible
para la literatura, Bécquer,
tú has sangrado en la pluma
y te has negado a ti mismo.
El círculo de hierro del que hablas
lo dejaste en el camino hacia tu tumba.

No podrías contradecirme,
aun viviendo,
porque donde habite el olvido,
ahí no,
ahí no estás.

Bécquer,
si a ti mismo pudieras mirarte...

verías literatura.

JC

domingo, 4 de octubre de 2015

El secreto.



He visto la llave más dorada del mundo.

Pende del revoloteo de una sombra entre el día y la noche. Abre esa ventana cuyas cortinas velan encuentros. A veces la miramos como el mechón de una mujer amada en el siglo diecinueve; no podemos tenerla, pero la tenemos, como los hombres que no pueden controlar el tiempo, y aman los relojes. Solo existe entre las siete y las nueve, en otoño, así que bésala entonces o no la beses. Termina esperas y abre confesiones. Siempre desaparece, y no puede perdurar ni en el recuerdo. Porque no es nuestra, nosotros nunca tendremos esa llave.

JC




sábado, 26 de septiembre de 2015

Que ya no sé si voy o vengo.

Algunas veces me pierdo,
otras creo que me encuentro.
Algunas veces recuerdo,
otras prefiero el olvido.
Algunas veces suspiro,
otras le grito al viento.

Jack.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Tormenta.


Caen gotas frías de plutón en una tarde gris, de un cielo gris, uno tan profundo como mirar al universo y sentirte un punto dentro de un libro eterno.

Empieza una tormenta que la empuja, con más furia que prisa, el Viento Polar que acuchilla hasta los huesos, sin tacto pero con acierto, jugueteando pero sin miramientos.

Ver una radiante luz cayendo del cielo, dibujando venas a las nubes, como si fueran dioses volviendo al suelo, iluminando caminos en un bosque salvaje del que es imposible salir sin el más leve corte.

Cerrar los ojos y sentir en el cuerpo el sonido de un trueno que, aunque caiga lejos, rompe el alma por dentro, con el crujido de un árbol cayendo.

Jack.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Nómadas.

Adiós, tengo que deciros
que no quiero más besos,
más abrazos
- demasiado tímidos-.
No quiero más deseos encontrados
de vernos otra vez,
en otro sitio.
No quiero más postales en el marco,
más recuerdos de caja de zapatos.
No quiero más tristeza en mi diario.
No quiero la esperanza
de veros en París, en Grecia o Roma,
de veros en cualquiera y de milagro.
Me quedo o no me quedo
con vosotros;
venís o no venís
(y a cualquier precio).
Viernes, sábado, lunes y domingo.
Marzo, agosto, invierno, otoño.
Os cambio por cualquiera de mi lado
- y es cruel pero no importa-,
porque no quiero más pedazos de vosotros,
no aguanto más mordiscos en el alma,
prefiero una familia sedentaria
y no llevar vuestro nombre en la mirada.

JC

sábado, 8 de agosto de 2015

Trastero.

Hay algo casi obsceno
en desmontar los viejos marcos
y dar la vuelta a las fotos
que coloqué con mimo mucho antes.
Hay algo esquizofrénico
en las frases que dejé anotadas
en todos los reversos
y es algo natural
haberlas olvidado
después de tanto tiempo.

Hay algo enormemente triste
en intentar capturar los recuerdos
en láminas de diez por quince
y en billetes caducados
en cajas de zapatos.
Hay una bofetada
a mi yo del pasado
cuando escondo en bolsas de basura
lo que antes exponía
encima de la cómoda.
Hay arrepentimiento
en los tijeretazos
que han matado cuadernos
y fotos y diarios,
sobre todo en las noches de invierno
cuando se me olvida
que ya no tengo quince años.

Hay un poco de traición
en deshacer los pasos que un fantasma
conservó sobre el polvo,
y una negación hipócrita
al desprenderse de todo
para poder buscar
nuevos trozos de plástico.
Y trastos que venerar
hasta que terminen
pudriéndose en el desván
de un día para otro.

Hay odio
como en el aullido de un perro abandonado
y en el árbol que despluman
y encajonan
después de navidad.
Y en la maceta
que alguien dejó tirada
atrás en la mudanza,
y en la esclava que toda abuela
regala con el bautizo
y en la sábana que protege
los muebles del polvo
aunque nadie los vaya usar.
Es enormemente triste
que dejemos a nuestro paso
tanta vulnerabilidad inútil
tanto síndrome de Diógenes
y a la vez
tanto deseo hipócrita
de volver a ser
quienes guardaron
con tanto mimo

nuestra debilidad.

JC