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lunes, 2 de julio de 2018

Mi mansión


Toda casa abandonada sabe
que la han abandonado.
Primero se desviste,
hace que se levante
el papel de pared, enseña
sus cimientos dañados.
Desconcha el color verde
de las contraventanas,
se rompen los cristales,
las humedades corroen
su esqueleto de metal
y el sótano se inunda.
Se vence el tejado,
cae casi con paz,
y el ático parece
una azotea del siglo pasado.

En el dormitorio,
crece un árbol antiguo.

Las casas saben cuándo
su dueño no regresará
y entonces se vuelven
más bellas que nunca.
Me gusta visitarlas:
Tirar puertas abajo,
llevarme espejos rotos,
hurgar en los armarios,
oler las camisas
de posibles amantes,
acostarme en la cama
cubierta de polvo.

Mi cuerpo también sabe
que lo han abandonado
y yo solo escucho
cómo se transforma.


JC


domingo, 10 de junio de 2018

Pronto, tarde, pronto...


Han quitado el nombre a los lugares.

Yo espero en una playa sin orillas. Si apoyo la cara contra la arena seca, puedo escuchar el lamento de la tierra; la nostalgia del agua. La luna llama, pero no hay mareas. En su lugar, el viento: pronto, tarde, pronto, tarde...

Nada significa nada.

Contemplo la llanura. Puedo estar aquí, allí, ayer, mañana. Me veo a mí misma despertando en el monte; y estoy sola.

He olvidado dónde quedaban los campos de amapolas. Me consuela llevar un vestido. Me miro en los cristales de una galería. Las paredes estaban forradas de papel, por debajo, alguien ha escrito.

No sé leer.

Yo espero en la cama donde me contaban historias. Extiendo el pelo sobre la almohada, para que lo acaricien. Huele a bosque, y me quedo dormida.

Cuando llega la noche, solo he vivido un día. Cuando llega el dia, espero hasta la noche.

No es el mundo: yo he perdido los nombres.



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sábado, 3 de marzo de 2018

Cada veintiocho noches.


Tengo el cuerpo cubierto de ti;
dibujo con mis manos
la sombra de tus manos;
me apoyo en el hueco imaginario
de tu hombro.

Mi cuerpo, bello y blanco,
tremendamente inútil,
despierta a los vecinos con sollozos
cuando la luna termina de llenarse;
pregunta por el tuyo.

De qué sirven estas formas,
esta armonía de líneas y extensiones,
este derroche bochornoso de recursos;
si no ha podido contenerte,
si no te ha enamorado suficiente.

jueves, 14 de diciembre de 2017

El pestillo

Desde la otra habitación, escucho
el eco del agua de la ducha,
el estallido de las gotas contra el mármol
y tu respiración,
que empaña la mampara.

Los sonidos me dibujan un mapa
de la pose de tu cuerpo, a cada instante,
del movimiento camuflado por el agua
y de tu exhalación,
que libre, roza las cuerdas vocales.

En la otra habitación, el mundo
ha disecado las pieles de los cuerpos;
solo yo sé que en el tuyo
corre un río por dentro.

Con la paciencia fingida por un loco
espero el fin del cuadro:
Tu silencio.
Emerges. De tu secreto, me entregas solo
un beso seco con la boca cerrada.

                                                                       JC

viernes, 10 de noviembre de 2017

Quisiera tener las palabras exactas para escucharte bien.
Dibujarte con mis manos y borrarte y cambiarte de sitio las muñecas
como si durmieras.
Quisiera quererte como solo se quieren en los libros
y caer sobre ti cuando ya no aguantes más las páginas.
Y llenarte el pecho con mis besos de papel.

Y saber, que en tu pensamiento último,
discurren mis silencios entre líneas.

Quisiera tenerte como solo puedes tenerte tú a ti misma,
y escribir por ti todo lo que te callas
y escribirme a mí aunque tú ya nada escribas.
Quisiera que la literatura se te apareciera
entre los edificios,
y que ella te encontrase, cuando tú la perdieras.

Ojalá te enamoraras de ti misma,

y fueras la destinataria de nuestras poesías.

JC


domingo, 20 de agosto de 2017

La mujer muerta

Hoy he llegado a ti.

Te he encontrado despierta, fingiendo que dormías, apurando la luz blanca en tu cama, escondida. He aprendido de memoria tus posturas, el dibujo de tus brazos doblados contra la almohada; la curva redonda de tu codo, y las caídas afiladas de tus manos. Qué larga, qué extensa eres; cómo arropas mi rostro entre la superficie suave de tu vientre. Cómo me hiela los dedos el agua rociada de tus curvas, qué frío es el beso contra la roca dura. Tus sábanas pinchan, crujen, y soplan; por ellas asoman las ramas espinosas. Quiero abrazarte tanto que trepo por tu cuello, y no te alcanzo, y tiro de tu pelo, y me enredo, y al asirme noto la tierra debajo de las uñas.

Déjame aquí, derrotada sobre ti, minúscula, en tu cama infinita. El Universo, redondo, se cifra en una línea; la tierra está encima y el cielo, debajo de mí. Renuncio a las coordenadas a cambio del enigma. Presiento el viento que viene a descubrirme desnuda, el viento que vibra por dentro de tu caja torácica. No escucho nada. Solo te siento a ti.

Por fin respondo a la lenta llamada de tu cuerpo, a la promesa muda de tu presencia. Eres mi único alivio, la anulación deseable de mi cuerpo. Me consuelas del miedo, del ruido; detienes el aire sofocante que me mueve, desprendes de mi piel el olor a mi piel. Me consuelas de la muerte y del vacío y de la vida; y me consolarás para siempre, porque tú sola existes, y yo me muero, me desvanezco sobre el suelo de un bosque más viejo que la muerte.

JC

martes, 25 de julio de 2017

Monte Misen

Te fuiste deshilvanando con las ramas
y las hojas de nombre desconocido.
Te quedaste ciego en las señales.
Se borró la huella de tu pie
en aquellos escalones infinitos.
Se puso el sol en la montaña y la sombra
atrapó tu sombra con su brazo de nubes.
Con los años, la humedad empapó tu pasaporte
y fue a tallarse tu nombre en la pared.

En el último templo que pisaste
al tiempo lo contienen paneles de papel
y una viajera se descalza en la tarima.
Entrega los zapatos, es una ofrenda al sueño.
Y en el silencio selvático y salvaje
pide permiso y se reconoce intrusa
de Occidente, del siglo y su ignorancia.

Ha venido a buscarte, a dibujarte
con el verde que ha acabado por erigir imperio.
Lleva el recuerdo detallado de tu cuerpo
para volver a construirlo y enseñárselo
a aquellos habitantes, mágicos y diminutos.
También lleva entrelazados en las manos
los hilos de tu miedo y tus secretos.
Y sabe cómo desatarlos de los árboles.

Desaparecer es volver a encontrarte.


JC